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- Está siendo una semana rarísima… Creo que por una vez en mi vida siento que pertenezco a algo.
Dijo él.
En realidad no se conocían, no sabían si quiera el nombre el uno del otro, pero estaban compartiendo un momento único.
Ambos eran testigos, o mejor dicho, partícipes, de ese “algo” que estaba removiendo sus conciencias, las conciencias de los jóvenes,y las de los no tan jóvenes también.
No sabían muy bien si se trataba de un sentimiento político, o quizás social, que de pronto les había hecho despertar de su letargo. Tampoco se le podía poner nombre a lo que estaban viviendo. Lo que de verdad importaba era que la maquinaria del “basta ya” se había puesto en marcha, y era la suma de todas sus ilusiones lo que le daba cuerda al motor. Sabían que nada ni nadie podría frenarla.
Se sentían útiles, orgullosos de pertenecer a esa generación perdida, o generación sin futuro, como muchos la llamaban. Orgullosos pues habían decidido aunar sus fuerzas para recuperar ese, su futuro perdido. ¿Porqué había de ser algo utópico? Solo había que creer en ello.
Todo lo que antes se habían limitado a leer en libros de historia, a ver en las películas… Ahora lo sentían sus pieles de gallina, sus acelerados corazones. Y es cierto que ellos no habían vivido una guerra, no habían padecido miseria, y habían recibido una educación; pero sí se habían resignado a ser ovejas de un rebaño, a abandonar su suerte y su destino…
Hasta ahora.
Ahora el simple hecho de estar ahí, de ser uno más entre los miles de la plaza, les convertía en pequeños héroes de la gran batalla que estaba aún por librar. Esa en la que se les había tachado de incompetentes, de anarquistas, de borrachos… Y solo había que abrir bien los ojos, los oídos, solo había que mirar a su alrededor, para darse cuenta de cuan equivocados estaban.
No habían perdido la voz ni la fuerza, pues a pesar de estar afónicos y agotados eso solo podía darles aún más ganas de luchar.
- Si lo piensas… todas estas personas han venido aquí por lo mismo, todas las conversaciones que se están teniendo ahora mismo hablan de lo mismo… Es emocionante.
Contestó ella.
Y allí siguieron los dos, contemplando la plaza en silencio, como dos simples desconocidos que sin embargo, estaban compartiendo algo que, hiciera o no historia, lo que es seguro es que cambiaría el resto de sus vidas.


