Tú crees que es Silencio. Pero yo siempre te escucho. Y también, como te he dicho, te escribo, te recomiendo, te canto, te cocino. Nos queda Madriz, y el Malecón, Macchu Picchu nena, Tenochtitlán. Tú me dices: Pero yo quiero vivir en aquí, en Zridam. En la tierra. Yo te digo: Eso es porque no has ido a Buenos Aires. (A veces te lo digo así, con un guiño) A veces tú te pones ñoña y yo te digo: No seas ñoña. Y se te pasa. Y viceversa, ¿eh? Echo de menos. ¿El qué? Pues todo. Me pesan mis recuerdos. Y tú me dices: No seas ñoña. Se me pasa.
Así que estoy aquí de nuevo. Dejaré la telepatía y ahora, que se nos viene el verano, vuelo a entrelazar palabras. Las tenía congeladas. En el freezer. (Así dicen en Buenos Aires) (Que pesada con el maldito Buenos Aires) ¿Y en Alemania?, lo he aprendido hoy, armario de frío.
Son unos locos. Pero mis 22 (veinti-dós. Venid, vosotras dos) (Y fuimos). Me han devuelto las esdrújulas, las llanas y las agudas. (Mi mejor regalo es que...)
Estoy aquí. De nuevo.
Hola tonta.
Tonta, hola.
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