lunes, 4 de octubre de 2010

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Recuerdo la madrugada en que aterricé en Buenos Aires como si fuera ayer.

El viaje desde el aeropuerto a casa por la panamericana que después recorrería tantas veces. Los primeros carteles que desde el taxi ví, los primeros olores. Los atascos.

Recuerdo la primera vez que ví Plaza Italia, y la calle Jorge Luis Borges. Recuerdo todo empapado de inocencia. Toda una ciudad sin estrenar, nueva.

Mi portal, mi escalera, mi habitación número once. La ayudante de cocina, que se llamaba Olga, como yo. Recuerdo entrar en mi habitación por primera vez y soltar las maletas. Y sentarme en el suelo, agotada y empezar a reír.

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