lunes, 31 de enero de 2011

¿Qué necesitas para ser feliz? (o decálogo de pequeños placeres de la vida)


1.Tumbarse en la hierba y dejar que el tiempo pase y pase, sin que pase nada.
2.Chimeneas y hogueras hipnóticas.Ver una estrella fugaz
3.Niños que te sonríen en el metro, y adorables abuelitas que con mucho gusto me llevaría a casa.
4.Atardeceres varios. Noches estrelladas.
5.Un abrazo de esos que no te esperas (¡pero solo uno!)
6.Besos pegajosos de bebés con sobrepeso de kilos y ternura.
7.Crêpes de Nutella y palomitas de maíz.
8. Correr bajo la lluvia. Bañarse de madrugada en la playa.
9. El olor a campo, el sonido de las chicharras. Castañas asadas.
10. Lágrimas. De la risa, y de emoción.

En las nubes

    Víctor tiene 17 años. Vive en un pueblo de apenas 1000 habitantes y cada mañana coge el autobús para ir al instituto más cercano, a unos diez kilómetros.
Lleva la vida de cualquier chaval de su edad. Estudia lo justo y necesario, y pasa el rato con los amigos.
Sin embargo, Víctor no es un chico normal. Víctor se pasa el día en las nubes, y no como lo hacen el resto de adolescentes. Víctor puede volar.

La velocidad siempre fue lo suyo, desde que era pequeño. Piernas llenas de cardenales, para él heridas de guerra. Ya en aquel entonces la bici era su vida. Con 13 años, ayudado por su padre, construyó un circuito de saltos en una finca al lado de su casa. Fueron muchas tardes de verano, de calor asfixiante y azada en mano, pero que realmente merecieron la pena.
-        - Papá, estoy cansado- Se quejaba, pero a la hora de la verdad  era siempre el último en soltar la pala.

Hoy, Víctor ya no es un muchacho. Sus facciones fuertes y marcadas y su robusta espalda le hacen parecer mayor. Su pelo negro, siempre alborotado, quizás a causa del viento, de vivir en una carrera constante. Hoy, Víctor ya no se queja cuando el sol aprieta con fuerza, ni cuando la nieve del suelo le hace resbalar y caerse; pues con cada caída, cada salto erróneo, a él le entran aún más ganas de volar, de llegar más y más alto si cabe.

Tras varios Cancanes, Tables y Supermanes, Víctor me deleita con un increíble 360. “Parece que va a tocar el cielo”, se me escapa al verle.

No hay duda de que Víctor tiene talento, y podría llegar muy alto (valga la redundancia), pero no siempre las oportunidades caen del cielo, y en su caso, tendrá que subir él a buscarlas.

Imagino cómo sería la historia de Víctor al otro lado del charco, en California, donde nacían tres letras que cambiarían la vida de muchos jóvenes bikers, para los que, como Víctor, el infinito era el único límite.
Pero Víctor no ha nacido en la tierra de las oportunidades, y vivir en un pueblo en medio de las montañas le mantiene demasiado alejado incluso de Madrid, allí donde ocurren la mayoría de las competiciones de BMX. Ya van dos carreras a las que se apunta y luego no puede asistir. “Mi padre trabaja los fines de semana y no puede llevarme. Pierdes los treinta euros que te cuesta la inscripción”, me cuenta con pena; aunque él y yo sabemos que eso es lo de menos, que pasar una noche en vilo soñando con un público expectante, en el que, por qué no, se encuentre quizás un ojeador, es algo de valor incalculable.

Me despido de Víctor y le doy las gracias por su tiempo, por haberme hecho soñar despierta durante las casi tres horas que le he visto en el aire. “No tiene importancia”, me dice, y es verdad, pues sus horas están allí metidas, en aquel circuito, haga frío o calor, sea verano o invierno. No hay nada que pueda frenarle.

domingo, 23 de enero de 2011

De la volonté de créer.



    
    

      "Lector, tal vez ya lo sabes: Julio, el Lobo, termina y ordena solo este libro que fue vivido y escrito por la Osita y por él como un pianista toca una sonata, las manos unidas en una sola búsqueda de ritmo y melodía.


      Apenas terminada la expedición, volvimos a nuestra vida militante y partimos una vez más a Nicaragua donde había y hay tanto por hacer. Carol reanudó allí su trabajo de fotógrafa mientras yo escribía artículos para mostrar en todos los horizontes posibles la verdad y la grandeza de la lucha de ese pequeño pueblo que infatigablemente continúa su viaje hacia la dignidad y la libertad. También allí encontramos felicidad, ya no solos en los paraderos del París-Marsella sino en el contacto diario con mujeres, hombres y niños que miraban como nosotros hacia delante. Allí la Osita empezó a declindar víctima de un mal que creíamos pasajero porque en ella la voluntad de la vida era más fuerte que todos los pronósticos, y yo compartía su coraje como siempre compartí su luz, su sonrisa, su enamorada vivencia del sol, del mar y de la esperanza en un futuro más hermoso. Volvimos a París llenos de planes: terminar el libro, dar sus derechos de autor al pueblo nicaragüense, vivir, vivir todavía más intensamente. Siguieron dos meses que nuestros amigos llenaron de cariño, dos meses en que rodeamos a la Osita de ternura y en que ella nos dio cada día ese valor que nos iba abandonando. La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y el 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra, ella que tanto los había desafiado y combatido en estas páginas.

      A ella le debo, como le debo lo mejor de mis últimos años, terminar solo este relato. Bien sé, Osita, que habrías hecho lo mismo si me hubiera tocado precederte en la partida, y que tu mano escribe, junto con la mía, estas últimas palabras en las que el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir, como acaso hemos llegado a mostrarlo en esta aventura que toca aquí a su término pero que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista"

(Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella)

Dunlop - Cortázar, diciembre 1982.


Esta Osita no se puede extinguir.
Aún no ha encontrado a su Lobo.
http://www.textosenlinea.com.ar/cortazar/Los%20autonautas%20de%20la%20cosmopista.pdf

Del soñar

    - Cuando escribimos, siempre dejamos, inconscientemente, una parte de nosotros impregnada en cada línea - dijo la profesora.
Melancólicos, románticos, y soñadores eran sus textos. Del mismo modo lo era ella.

"¡Pantomimas! La vida no es solo un cúmulo de emociones. ¡Al carajo con los sentimentalismos!"
Y así es como se propuso bajar de las nubes, poner los pies en la tierra y dejarse de cuentos para no dormir.
Existían tantas frases hechas de las que su día a día hacia un abusivo uso... "La vida no siempre es de color de rosa, ¡no señor!".

Siendo un poco más realista y un poco menos idealista sufriría menos... ¿o no? A fin de cuentas, la vida nunca sería tan mágica y especial como ella se empeñaba en pintarla... ¿o sí?

Noches estrelladas, el fuego de una hoguera, y el sonido de una guitarra rompiendo el absoluto silencio.
La vida también estaba llena de momentos así, y eso tampoco podía obviarse. Como tampoco tenía nada de malo tomar La vie en rose como la banda sonora de sus días...

Y así, y sin darse ni cuenta, ya estaba otra vez soñando, ¡aun con los ojos abiertos!

Del amor

    Solía escribir sobre el amor, aunque, a decir verdad, ya ni se acordaba de lo que aquellas cuatro letras venían a significar.

Hacía mucho que no experimentaba la sensación de querer a alguien por encima de todo, que no se le paraba el tiempo en un beso. "Tanto mejor", se decía, pues consideraba que ya había llorado lo bastante, suficiente, como para una vida entera.

Del amor solo recordaba la desagradable sensación de sentirlo perdido, de verle desvanecerse de pronto, de la mano de la ilusión y las endorfinas del comienzo. Y el comienzo, ese en el que el amor logró llenar sus ojos de lágrimas, pero en este caso de felicidad, ese se le antojaba muy muy lejano.

El libro del amor lo había leído con tanto ansia al principio... pero al final, sus páginas ya monótonas y vacías, le habían llevado a esconderlo, polvoriento, en un cajón.

Por eso ahora, del amor sabía bien poco, y ya ni siquiera estaba segura de haberlo vivido. Como si aquella adolescente de hormonas alteradas y cosquillas en el estómago nunca hubiera sido ella, como si fuese otra la protagonista de sus vagos recuerdos.

miércoles, 19 de enero de 2011

au revoir, primer y último acto.

Se abotonó los botones de la camisa mientras miraba por la ventana. Siempre la gustaba hacer eso. Lo de mirar por las ventanas de habitaciones ajenas. (Lo de los botones se la daba peor, no había camisa en su armario -o más bien en su maleta- cuyos botones no hubiesen caído en los agujeros incorrectos) La gustaba imaginar a los dueños de esas habitaciones mirando por esas ventanas e intentando imaginar qué sentían al contemplar esas familiares vistas.
Ella, en sus innumerables noches extranjeras, había extrañado muy mucho el paisaje que la ofrecía la ventana de su infancia en Madrid. Pero también las de su depto en Figueroa Alcorta. Y también las de Palermo Soho al atardecer. Y las del barrio Santa Engracia. Y las antenas de los tejados de Parque Capri, la Panamericana desde Caseros 13. Así como sabía que algún día llegaría a extrañar el Lago Constanza desde su Zimmer compartida.
Podría decirse (y de hecho, ella más de una vez lo dijo) que era una auténtica coleccionista de ventanas. O mejor dicho, de paisajes.
Y también sin la i. Pasajes. Pasajes de embarque. Paisajes de embarque.
(o el contexto en el que te vistes y te marchas, no sin antes grabar en tu memoria el Paisaje de su 3ºA, y regalar un beso de hasta siempre a sus -desde entonces- ojos dormidos)
[...]

Carretera y manta

    Había vivido todo un año de encuentros y reencuentros. ¡Cuánto lo anhelaba!. Pero también había sido un año repleto de despedidas, con sus correspondientes sabores amargos.

Y ahora, cuando por fin parecía que había logrado olvidar la sensación de un adiós, o de un hasta la próxima (eufemismos aparte, pues muchas veces venía a significar lo mismo)… allí estaba de nuevo, junto a las vías de un tren, ojos llorosos y maleta en mano.

La escena parecía tomada de una película de los años treinta, dotada de ese dramatismo que solo el blanco y negro consigue. Vestidos holgados, sombreros (y/o sombrillas, siempre a juego) y una serie de elementos que no viene a cuento recordar. En definitiva, puro romanticismo victoriano.

En su caso, se trataba más bien de unos vaqueros “cagaos” (“lo siento mamá, sé que no los soportas”, se dijo), una maleta repleta de folios escritos (y otros tantos en blanco que estaban aún por llenar), y unas All Star demasiado desgastadas como para emprender los miles de kilómetros que tenía por delante.

Llegaba el momento de dejar atrás su vida, su familia, sus amigos… Fuese temporal o no, el caso es que la despedida era inminente, y entre besos y abrazos se despidió y subió al tren.

El viaje estaba a punto de comenzar…

Pero, no nos engañemos, se trataba solo del primer escalón en su viaje a las Américas (cual Cristóbal Colón). El tren no era más que el medio de llegar al aeropuerto, donde cogería  un avión que tan solo era un mero intermediario, pues aún le estaría esperando otro vuelo (seis horas muertas en la terminal, nada más y nada menos), hasta que medio día después… ¡tachán! “Ha llegado a su destino”.

Aquello de cruzar el gran charco era más cansado de lo que parecía; pero las ganas y la ilusión que tenía por conocer, por vivir todo aquello, tan nuevo y tan diferente, le aportaban la dosis de cafeína que necesitaba.

Ya en la recta final de su viaje (el cual parecía haber emprendido hace una semana), comenzó a soñar despierta imaginando cada detalle. La casita que había alquilado al lado de la playa, las paredes de colores... ¡Todo verde allá donde mirase! Y se quedó dormida.

De pronto, algo la sacó de su sueño. No se trataba de una voz fría y robótica como la de su GPS, si no del susurro suave de su compañero de asiento:
 - Bem-vinda senhorita!
Y sintió que la aventura no podía haber empezado mejor.

martes, 18 de enero de 2011

i'm back, he vuelto.

Aquí. De nuevo. Entre la niebla.
(Ni los pajarillos cantan, ni las nubes se levantan) (No tengo patio) (No tengo casa)
El fantasma de las Navidades pasadas no es más que eso, un fantasma. Fantasma cual pandilla (deliciosas patatas en formas fantasmagóricas) (nunca nadie entendió: 1.porque sabían a queso; 2. porque iban en pandilla; 3. la insoportable levedad del ser). Pandilla's's que no volveré a catar en un largo Spring Semester.

El Spring Semester es una unidad de tiempo que comprende desde aquí hasta allí (señalando en un calendario), en términos atmosféricos, de escarcha pura a rayos UVA.
No tengo miedo. Las zarigüeyas están conmigo.

Siempre, (y en pos de la liberación de los focas morsas):
Anikuni (Ah-ah-uh-ah-ni)
posdata. si ven a mis propósitos, diganles: que dice Olga que hasta el año que viene (apostillen: si Nostradamus no hace de las suyas)
Y YA.

domingo, 16 de enero de 2011

"¿Qué harías si no tuvieras miedo?"

    El post-it estaba ahí, como surgido de la nada, pegado en una de las hojas del libro. Se preguntó quién lo habría escrito, qué estaría pasando por la cabeza de ese misterioso lector para escribir esas seis palabras que con tanta fuerza y rapidez habían reactivado la voz de su conciencia.

Con curiosidad, indagó en la ficha de los préstamos y devoluciones del libro.
15 de octubre de 1993
23 de octubre de 1993
9 de noviembre de 1993…

Así hasta el 10 de enero de 2011, el día en que ella había pasado a ser propietaria de sus hojas, al menos durante los quince días que durase el préstamo.

Era imposible dar con el autor de la misteriosa cita. Pensó en hacer un exhaustivo seguimiento, pues conocía a la bibliotecaria desde hacía años, y no le sería muy difícil convencerla. Pero no, no serviría de nada… El autor o autora de la cita podía haberse ido del barrio, o de la ciudad… o, en el peor de los casos… ¡podía estar ya muerto! Además, ni siquiera tenía porqué tratarse de alguien que hubiera cogido prestado el libro; su temporal dueño podía habérselo dejado a un amigo ávido de leer, éste a otro... La cadena de manos por las que hubiera podido pasar resultaba inimaginable.

No sabía a qué se debía su repentina curiosidad. Quizá fuera porque, desde hacía tres días, la dichosa frasecita no había dejado de dar vueltas en su cabeza…

“¿Qué haría si no tuviera miedo?”, se decía una y otra vez. Se trataba solo de un trozo de papel amarillo, pero poseía el asombroso poder de traer consigo otras muchas preguntas: “¿Miedo a qué?, si yo no tengo miedo a nada… ¿o sí?”. Decidió abandonar las cuatro paredes de su habitación que le estaban volviendo loca, y salió a la calle sin rumbo alguno.

Se sorprendió a sí misma camino del parque, allí donde acudía a enfrascarse en sus libros, en sus escritos, o simplemente cuando necesitaba estar sola. Pero aquel día su búsqueda de paz no resultó fructífera, no parecía haber nada que pudiera calmar su inquietud.

De repente, y sin pararse a pensarlo, se levantó de un brinco y decidió, por una vez en su vida, hacer caso a su instinto y dejar de ser la persona tan racional que era. Siempre sopesando pros y contras, siempre dejando que la cabeza le ganase el pulso al corazón… Algo dentro de ella estaba dispuesto a acabar de una vez por todas con sus miedos, o al menos con ese, el más grande de todos, que no le dejaba apenas respirar.

Fue en su busca y no tardó mucho en encontrarle. Allí estaba, saliendo de la facultad y riendo con un par de amigos, siempre con una sonrisa en la boca, siempre con ganas de vivir.

Decidió esperarle apoyada en su coche, con el corazón en un puño, pero al mismo tiempo con una valentía que ni ella misma podía creer.

Los pensamientos se agolpaban en su mente a lo loco. Quería callar las voces que chillaban en su cabeza, esas que habían permanecido en riguroso silencio durante casi dos meses, pero que ahora le reprochaban a gritos el haberle perdido, el no haberse atrevido, y todo por miedo…

Entonces él la vio, y su sonrisa quedó borrada. Se aproximó a ella con los ojos como platos, petrificado ante el hecho de tenerla otra vez enfrente, después de seis semanas y tres días sin verla.

Quiso decirle algo, nadie sabrá nunca muy bien qué, pues ni ella puede recordarlo; pero él se adelantó y le dijo:
-          _ ¿Qué harías si no tuvieras miedo?
Y como en su libro, ese que le dio la clave, solo un beso pudo sellar este momento.

martes, 11 de enero de 2011

Un long dimanche de l´enfer

"Atención con las posibles consecuencias resultantes de la mezcla de:
a) un domingo cualquiera
b) con lluvias torrenciales dignas del día juicio final,
c) y al que se le añade una  resaca del (puro) infierno."

Hago caso omiso a la advertencia y, para colmo de mis males, me decido a salir a la calle hecha unos zorros (que no una z****), y portando un flequillo que parece haber pasado diez años en un campo de concentración de la antigua URSS.


sábado, 8 de enero de 2011

(R)evolución.

Si Dios, un cangrejo o sea quién sea el poderoso (e inteligentisimo) ingeniero del cuerpo humano, nos había dado dos piernas, será para andar. Qué tontuna tan obvia. Nuestro sistema rotuliano-bipiernal y más importante, frontal, nos está diciendo a gritos: ¡Ché, boluda, avanzá, avanzá!
Y heme aquí, torsionando mi tronco esquelético para mirar atrás: MAL.
Dolor cervical y neuronal como consecuencia. Te la ganaste, querida.
Así que ahora queda ir pa'lante. No más. No sirven excusas ni Voltarén Fortex.
Hagamos caso a la bendita ingeniería genética. ¿A quién sino? ¿A qué huelen los anticiclones?
Ya es sábado. Elvis está de mi lado.
Llegó el tiempo de las despedidas:
¡Tschüss, perdedor! Me cansé de ser tu minina. 
¡Ciao, heridas! Ya no os lamo más.

(...) the angel from my nightmare (...)

    Ya solo tenía una o dos pesadillas al mes, tres en el peor de los casos. No era mucho, pero suponía no haber alcanzado ese anhelado 100% que al fin la dejaría dormir tranquila (nunca mejor dicho).

En todos los sueños se repetía la misma escena, y no había que ser ni muy listo ni ningún psicoanalista para darse cuenta que su mayor preocupación era tener que volver a verle.

Pensó en hacer una “terapia de choque”. Presentarse en su casa, llamar a la puerta y soltarle una parrafada, sin pararse si quiera a respirar, sin dejar que él dijera nada.

Le diría todo aquello que no se habían dicho en un año. Que le alegraba su felicidad, que hubiera rehecho su vida... pues ella, a su manera, también lo había hecho. Supongo que no sería muy difícil que algún “lo siento” se le escapase de paso.

Y entonces cerraría la puerta corriendo, y se iría por donde había venido, así de rápido, así de simple.

Total, solo unas pocas manzanas separaban la vida de él, de la de ella. Ella, que había pasado de serlo todo para él, a no ser nada… Tampoco les había quedado más remedio que así fuera.

De no haber puesto tierra (¡y qué de tierra! ¡1000 kilómetros de tierra!) de por medio, hubieran seguido haciéndose daño, prolongando un amor ya gastado por el uso y por el paso de los años.

¿Y ahora?, demasiado tarde para ser ¿amigos?. No tenía sentido alguno, ellos que ya se lo habían dado todo, que ya no tenían nada que ofrecerse.

viernes, 7 de enero de 2011

Defecto número 8.935: vivir anclado en las turbulentas aguas del Pasado.

    Muchos filósofos, científicos, teóricos, estudiosos, psicólogos, e incluso artistas del pop nacional, habían teorizado ya sobre el tema.

Pastora Soler no había sido la única en poner su granito de arena con aquello de “lo que se acaba se acaba y es mejor dejarlo así”; no, pues ya otro sabio (llamémosle Anónimo García), tras cientos de investigaciones, de experimentos con ratones de campo (y alguna que otra rata de cloaca que pasaba por allí), y de colocones de yerba que le darían la clave, anunció: “Hay que ir pa´ lante como los de Alicante”. ¡Qué gran verdad!

Los malos recuerdos debían dejarse olvidados junto con los libros y apuntes de la E.G.B; y los buenos… esos podían sacarse, pero solo con moderación (Ministerio de Sanidad, Gobierno de España).

Entre tanto yo, uno más de los seis mil millones de habitantes del planeta Tierra, estaba dotada con un poder sobrenatural, pero al igual que los de nuestros adorados (y adorables) superhéroes, resultaba un arma de doble filo.

Podía recordarlo todo. La ropa que llevaba puesta él, el tiempo que hacía, lo que tomó de postre, su perfume, la hora exacta del primer beso (y lo que es peor, también la del último),y el color de sus Nike Air Max (esas que tanto me molaban).

Putada, pues la vida sigue y tan solo detenerse a echar una pequeña ojeada a lo que quedó atrás… ¡ERROR! Pues podrías estar perdiéndote algo increíble, aquí, ahora, en el mundo real, en vivo y en directo.

Los diferidos, esos que queden relegados a los momentos de melancolía que de vez en cuando (y repito, siempre con moderación) podemos permitirnos. 

Como última advertencia, si llega el día en que deciden darse el gustito de soñar despiertos con lo que fue (que no con lo que pudo haber sido), mantengan fuera de su alcance el chocolate en cantidades industriales y las bebidas alcohólicas.

tíbet.

el puto dolor de hoy es directamente proporcional a la bendita felicidad del ayer.
(o La espeluznante fábula de Olga maquillando la realidad)

Prohibido.
Extrañar.
(a personas a cuatro mil quinientas puñeteras millas)
HE DICHO.

jueves, 6 de enero de 2011

Cincodeluno

La noche de los "Queridos Reyes Magos"

La noche más mágica de todo el año. Incomparable incluso con la noche de San Juan y sus estrellas fugaces. Incomparable con la más vieja de las noches, esa que te permitía cerrar los ojos… y pum! Despertarte un año después. Incomparable a la víspera de un cumpleaños, a la noche de bodas… comparable a nada.

Sin duda la noche entre las noches, ninguna que pueda hacerle sombra. Millones, ¡qué digo millones! Millones de millones de ilusiones depositadas en una sola noche. Niños dando vueltas y más vueltas en sus camas, deseando que el sueño le gane la batalla al nerviosismo, deseando que llegue la mañana.

híjole.

Mandamientos Charolastras:
1-No hay honor más grande que ser un charolastra 
2-Cada cual puede hacer de su culo un papalote.
3-Pop mata poesía.
4-Un 'toque' al día... la llave de la alegría.
5-No te tirarás a la vieja de otro charolastra.
6-Puto el que le vaya al América.
7-Que muera la moral y que viva la chaqueta.
8-Prohibido casarse con una virgen.
9-Puto el que le vaya al América (se repite).
10-La "neta" es chida pero inalcanzable.

Y pinche güebón el que no sepa hacer de su vida la más cool de las aventuras.
Sólo se necesitan palomas (de la paz), una 8mm repleta de pechitos y culitos y una buena panda de güéis.
¿Alguna declaración que añadir? Sí, apunta esto: 
Uh, nena, (yo) voy a ser una rock anroll starr.

Y ahora, si me permiten, espero la visita de SSMM. (sólo apto para cultos) (sin t)

Continuará....
UUUUUHHH NENA! (y así hasta el infinito)

miércoles, 5 de enero de 2011

Diario de una tullida

De la noche a la mañana, estaba medio coja de una pierna. Así, como de la nada, le había sobrevenido un dolor que se deslizaba suavemente desde la cadera, pasando por sus muslitos de pollo, que se detenía como una punzada en la rodilla, y que recorriendo sus gemelos (esos gemelos de Roberto Carlos que nunca fueron de su agrado) llegaba hasta el tobillo. Demasiadas compras navideñas habían causados estragos no solo en su bolsillo (y en su triste cuenta de ¿ahorros?, esa que ahora estaba a apenas tres peniques...), si no en su Ann´s Anatomy.

Pero, ¿significaba eso que había empezado el año con mal pie? ¡Para nada! El 2011 había comenzado repleto de cambios (grandes, pequeños… ¡qué más daba eso!) y eso ya era un motivo por el que brindar (y volvemos a las indigestas indigestiones…). No podía recordar quien había dicho aquello de “renovarse o morir” (¿acaso algún día lo supo?), pero el tipo estaba muy en lo cierto. Sabía que en la vida las casualidades no existían, más bien se trataba de causalidades, y sabía que la suerte no iba a estar esperándola a la vuelta de la esquina; tenía que salir a buscarla, y no habría cojera que fuera capaz de impedírselo.

Y puestos a incluir los juegos de palabras que tanto le gustaban (véase vite y bite del francés. ¡Ah no! eso no...), aquella mañana se dio cuenta de que su problema era que necesitaba un cambio de actitud, pues aptitudes tenía de sobra (y abuela también). Tenía que aprender a tomarse la vida de otra forma. Mejor dicho, y más que tomársela sin más (como te tomas una suculenta menestra de verduras con extra de brócoli) el secreto estaba en SABOREARLA, rebañando cada momento, cada pedacito de felicidad, cada onza de chocolate, cada tarta de queso… en fin, las comparaciones no siempre son odiosas.

Estaba claro que 2010 había sido su año pero… ¿quién había dicho que 2011 no podía serlo de nuevo? ¡Once meses y veintiséis días le estaban esperando ansiosos!

martes, 4 de enero de 2011

X.

Decálogo para empezar un año no bisiesto con buen pie: (Lo siento, piratas)

1. Frótate los sobacos con un par de lechugas pasadas, mientras canturreas, al compás, uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril (en este momento te subes a una silla) (sin parar de frotar) y maldices a Fa, limones del caribe (apretando fuerte la lechuga hueca en la axila)
2. Compón una canción al organillo. Nómbrala "Piojos que te sacan los ojos" y súbela al Youtube y al Myspace 7,4 veces, en días consecutivos. Que salga una chancla voladora en el videoclip, por favor.
3. Hunde tus dedos en un saco de papayas, en la frutería. Pon cara de gustirrinín y finge tener unas cuantas piedras planas en los bolsillos. Después, repite conmigo: Bre-to-dó, como Totó
4. Équipate con una regla y de una vez por todas pon en evidencia a las malditas peluqueras que juran haberte cortado sólo un centímetro. Ah si? Pues ahora mismito voy a medir las puntas. (Cuidado a ver si van a barrer antes de tiempo) (Son gente rápida)
5. Busca un buen gimnasio por tu barrio. Pero uno bien bueno. Que tengan jacuzzi. Una vez abonada la primera mensualidad, duckies al agua. Gafas y gafos. Ya entre pises de vigoréxicos, tírate un gran pedo y huye sin decir ni cuak.
6. Besa el reflejo de tu nariz once veces, a las 12 del mediodía del primer martes y trece del año.
7. Arráncate tres pestañas (ojo derecho, ojo derecho, ojo izquierdo) y échalas al gazpacho de alguno de tus familiares. (También funciona con café) (olé) (que no Au lait)
8. Organiza una reunión de vecinos URGENTE ante el inminente peligro de un ataque RECquiano. (En 3D) ("Necesitamos un plaaaaaaaaaaaan") (Que cunda el pánico) (O que punda el cánico)
9. Cría renacuajos en el dispensador de agua de la oficina.
y... (por fin) (y a ser posible en rebajas) 10. Ves a IKEA y no te compres ¡NADA!


(Idiotas adictos a cumplir Decálogos con tal de no correr el riesgo de vivir...
No vaya a ser que por accidente comentan el GRAN error de ser felices)

Y ya sólo nos quedan 360.
Mierda,
mierda,
mierda,
mierda,
mierda,
mierda,
mierda.

¿Y ahora de dónde saco yo un organillo?

Vive la vida, vivila todos los días

Navidad. Compras, colas eternas, “aquí tiene su ticket, gracias”, comer hasta reventar, langostinos, litros de alcohol (8), grandes almacenes, papel de regalo, y otra vez su ticket de compra, “felicidad” (o eso dicen), cenas, comidas, desayunos, indigestiones varias, y más y más langostinos… Y cuando creías que las compras habían acabado… falsas rebajas, cuesta de enero, y empalmamos con San Valentín y el Día del Padre…  Así, y tras una imparable cadena de alocados rituales navideños, cuando te das cuenta estás desayunándote el fatídico ticket de El Corte Inglés, y has envuelto en papel de regalo hasta los langostinos.

Y tras todo esto, ¿dónde caben los propósitos de año nuevo? Tan típicos como perder esos kilitos de más o dejar de fumar. Durarán probablemente mucho menos que esa bandeja de langostinos congelados que en el mes de julio aún siguen en tu nevera.

Por eso, ahora que hemos crecido, que hemos perdido cualquier ilusión, que montar el belén y comprar los regalos se convierte en el suplicio que cada 365 días nos toca soportar… quiero plantearme un 2011 mejor, o al menos diferente. Un 2011 en el que importen más los recuerdos que las fotos, lo vivido por uno mismo que “lo que le pasó a Fulanito”, las personas que los abrigos Carhartt que de aquí a un lustro (y si llega) tacharemos de demodé. Y puestos a tirar de tópicos utópicos, ¿porqué no?, vivir más el Ahora y vivirlo de verdad.


Madriz, a cuatro de enero de 2011 (o cómo caí en los libros de autoayuda)

lunes, 3 de enero de 2011

A propósito de (des)propósitos.

Qué tontería tan tonta.
Propósito uno para el dos cero uno uno: -
Dos: - (Siempre preferí la medalla de bronce)
Tres y cuatro, cinco, seis: (volver a) escribir (¿qué le hiciste a todas mis palabras?)
(a partir de aquí pierdo) (la cuenta, por favor, si es tan amable)
NO huir del verano, quererme menos (es más), VOLVER, aprender Hopelandish, pararme a Pensar (quien hace un cesto hace un ciento) y llevaros siempre, siempre conmigo.

(Los propósitos que se convirtieron en un carta de amor, por Olga Hueso)
Por las siestas en silencio, de las que nadie se enteró. Sólo nosotros. Y el Sol.
Las tartas de cumpleaños que acababan en nuestras narices.
Dormir hasta las tantas, compatir lavadoras. Magia de encontrarnos, sonrientes, entre las sábanas. En una canción. En el ascensor de servicio.
Las infinitas excusas por las que merecía la pena festejar. O ninguna al fin y al cabo. Estamos vivos, ¿Qué crees que pasaría si me tirase desde aquí?
Abrígate, hace frío. Las tardes en las playas de Uruguay, pasados de rosca.
Recuerdo los cachivaches de A., la paciencia de su hermano, la pasión de su amigo de la infancia, el niño con el pijama de cuadros... Y tantas, tantas Lunas.

Recuerdo todo lo que me hiciste aprender para sobrevivir, maldito seas, Buenos Aires. El 36A no pasa por San Telmo, Plaza Serrano se llama oficialmente Plaza Cortázar, aún quedan razones por las que luchar, y luchadores, si sabes dónde encontrarlos. Las facturas nada tienen que hacer con números, los mejores artistas son los callejeros, los túneles subterráneos están llenos de historias y de sprays.

Dime, Buenos Aires, ¿Y ahora? Dime, ¿Qué hago con todo eso? Con el nombre de las calles, de los boliches, de los heridos. De las villas, de las cletas, de los barrios, las madrugadas. ¿Qué hago con los sandwichitos de miga? ¿Eh? ¿Qué hago con mis ojeras? ¿Qué hago?
Y el silencio que nos separa, ya nunca me dices nada, no te acuerdas de mí. Ni tu río.
No entiendo, no entiendo por qué dejaste de cebar mis mates, si nunca te dí las gracias.

[...]

Mi historia porteña, que es lo más mío que tengo.
Y a la vez lo más despedazado.
Como nuestro amor.
Roto.
El mayor de los despropósitos.
Pero que seguirá repitiéndose año tras año... Vela tras vela, pestaña tras pestaña.

Vuelve. A mí.
¡Valiente!