domingo, 16 de enero de 2011

"¿Qué harías si no tuvieras miedo?"

    El post-it estaba ahí, como surgido de la nada, pegado en una de las hojas del libro. Se preguntó quién lo habría escrito, qué estaría pasando por la cabeza de ese misterioso lector para escribir esas seis palabras que con tanta fuerza y rapidez habían reactivado la voz de su conciencia.

Con curiosidad, indagó en la ficha de los préstamos y devoluciones del libro.
15 de octubre de 1993
23 de octubre de 1993
9 de noviembre de 1993…

Así hasta el 10 de enero de 2011, el día en que ella había pasado a ser propietaria de sus hojas, al menos durante los quince días que durase el préstamo.

Era imposible dar con el autor de la misteriosa cita. Pensó en hacer un exhaustivo seguimiento, pues conocía a la bibliotecaria desde hacía años, y no le sería muy difícil convencerla. Pero no, no serviría de nada… El autor o autora de la cita podía haberse ido del barrio, o de la ciudad… o, en el peor de los casos… ¡podía estar ya muerto! Además, ni siquiera tenía porqué tratarse de alguien que hubiera cogido prestado el libro; su temporal dueño podía habérselo dejado a un amigo ávido de leer, éste a otro... La cadena de manos por las que hubiera podido pasar resultaba inimaginable.

No sabía a qué se debía su repentina curiosidad. Quizá fuera porque, desde hacía tres días, la dichosa frasecita no había dejado de dar vueltas en su cabeza…

“¿Qué haría si no tuviera miedo?”, se decía una y otra vez. Se trataba solo de un trozo de papel amarillo, pero poseía el asombroso poder de traer consigo otras muchas preguntas: “¿Miedo a qué?, si yo no tengo miedo a nada… ¿o sí?”. Decidió abandonar las cuatro paredes de su habitación que le estaban volviendo loca, y salió a la calle sin rumbo alguno.

Se sorprendió a sí misma camino del parque, allí donde acudía a enfrascarse en sus libros, en sus escritos, o simplemente cuando necesitaba estar sola. Pero aquel día su búsqueda de paz no resultó fructífera, no parecía haber nada que pudiera calmar su inquietud.

De repente, y sin pararse a pensarlo, se levantó de un brinco y decidió, por una vez en su vida, hacer caso a su instinto y dejar de ser la persona tan racional que era. Siempre sopesando pros y contras, siempre dejando que la cabeza le ganase el pulso al corazón… Algo dentro de ella estaba dispuesto a acabar de una vez por todas con sus miedos, o al menos con ese, el más grande de todos, que no le dejaba apenas respirar.

Fue en su busca y no tardó mucho en encontrarle. Allí estaba, saliendo de la facultad y riendo con un par de amigos, siempre con una sonrisa en la boca, siempre con ganas de vivir.

Decidió esperarle apoyada en su coche, con el corazón en un puño, pero al mismo tiempo con una valentía que ni ella misma podía creer.

Los pensamientos se agolpaban en su mente a lo loco. Quería callar las voces que chillaban en su cabeza, esas que habían permanecido en riguroso silencio durante casi dos meses, pero que ahora le reprochaban a gritos el haberle perdido, el no haberse atrevido, y todo por miedo…

Entonces él la vio, y su sonrisa quedó borrada. Se aproximó a ella con los ojos como platos, petrificado ante el hecho de tenerla otra vez enfrente, después de seis semanas y tres días sin verla.

Quiso decirle algo, nadie sabrá nunca muy bien qué, pues ni ella puede recordarlo; pero él se adelantó y le dijo:
-          _ ¿Qué harías si no tuvieras miedo?
Y como en su libro, ese que le dio la clave, solo un beso pudo sellar este momento.

1 comentario:

  1. http://maps.google.es/maps?um=1&hl=es&biw=1138&bih=555&q=lima+peru&ie=UTF-8&hq=&hnear=Lima,+Per%C3%BA&gl=es&ei=pZk1TefBE9DssgayiM2MCg&sa=X&oi=geocode_result&ct=image&resnum=1&ved=0CCIQ8gEwAA

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