lunes, 3 de enero de 2011

A propósito de (des)propósitos.

Qué tontería tan tonta.
Propósito uno para el dos cero uno uno: -
Dos: - (Siempre preferí la medalla de bronce)
Tres y cuatro, cinco, seis: (volver a) escribir (¿qué le hiciste a todas mis palabras?)
(a partir de aquí pierdo) (la cuenta, por favor, si es tan amable)
NO huir del verano, quererme menos (es más), VOLVER, aprender Hopelandish, pararme a Pensar (quien hace un cesto hace un ciento) y llevaros siempre, siempre conmigo.

(Los propósitos que se convirtieron en un carta de amor, por Olga Hueso)
Por las siestas en silencio, de las que nadie se enteró. Sólo nosotros. Y el Sol.
Las tartas de cumpleaños que acababan en nuestras narices.
Dormir hasta las tantas, compatir lavadoras. Magia de encontrarnos, sonrientes, entre las sábanas. En una canción. En el ascensor de servicio.
Las infinitas excusas por las que merecía la pena festejar. O ninguna al fin y al cabo. Estamos vivos, ¿Qué crees que pasaría si me tirase desde aquí?
Abrígate, hace frío. Las tardes en las playas de Uruguay, pasados de rosca.
Recuerdo los cachivaches de A., la paciencia de su hermano, la pasión de su amigo de la infancia, el niño con el pijama de cuadros... Y tantas, tantas Lunas.

Recuerdo todo lo que me hiciste aprender para sobrevivir, maldito seas, Buenos Aires. El 36A no pasa por San Telmo, Plaza Serrano se llama oficialmente Plaza Cortázar, aún quedan razones por las que luchar, y luchadores, si sabes dónde encontrarlos. Las facturas nada tienen que hacer con números, los mejores artistas son los callejeros, los túneles subterráneos están llenos de historias y de sprays.

Dime, Buenos Aires, ¿Y ahora? Dime, ¿Qué hago con todo eso? Con el nombre de las calles, de los boliches, de los heridos. De las villas, de las cletas, de los barrios, las madrugadas. ¿Qué hago con los sandwichitos de miga? ¿Eh? ¿Qué hago con mis ojeras? ¿Qué hago?
Y el silencio que nos separa, ya nunca me dices nada, no te acuerdas de mí. Ni tu río.
No entiendo, no entiendo por qué dejaste de cebar mis mates, si nunca te dí las gracias.

[...]

Mi historia porteña, que es lo más mío que tengo.
Y a la vez lo más despedazado.
Como nuestro amor.
Roto.
El mayor de los despropósitos.
Pero que seguirá repitiéndose año tras año... Vela tras vela, pestaña tras pestaña.

Vuelve. A mí.
¡Valiente!

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